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El martes 13 de enero se conmemoró el Día Mundial de la Lucha contra la depresión, una fecha que invita a mirar con más atención una realidad que muchas veces pasa desapercibida, incluso dentro de los equipos de trabajo: la tristeza no distingue cargos, áreas ni edades. Cualquier colaborador puede estar atravesando un momento difícil y, cuando no se identifica a tiempo, puede afectar su bienestar personal y el clima laboral en general.

Durante muchos años, las empresas pusieron el trabajo por encima de las personas. Hoy sabemos que no es posible construir organizaciones sostenibles sin equipos emocionalmente sanos. Hablar de salud mental ya no es un tema secundario ni un “beneficio adicional”; es una necesidad.


La tristeza, en ocasiones, se camufla en comportamientos que se normalizan: jornadas excesivas, aislamiento, desmotivación, silencios prolongados o ausencias frecuentes. Por eso, resulta clave crear entornos laborales seguros, donde exista una actitud de pausa, escucha y apoyo. Las organizaciones que promueven espacios para hablar de lo emocional permiten que las personas se sientan vistas, escuchadas y acompañadas.

La empatía en el trabajo no se trata solo de comprender, sino de actuar. Escuchar sin juzgar, validar las emociones y facilitar el acceso a apoyo profesional puede marcar una diferencia real en la vida de una persona. La confianza y el sentido de pertenencia crecen cuando un colaborador siente que puede expresar cómo está sin temor a ser señalado. Invertir en salud mental es invertir en productividad, buen clima laboral y reputación organizacional.

Existen acciones concretas que hacen la diferencia: programas de apoyo emocional, acceso oportuno a atención profesional, líderes empáticos y formados, espacios de conversación y prevención activa de riesgos psicosociales. Estas estrategias no solo previenen situaciones más complejas, sino que reducen ausentismo, incapacidades prolongadas y rotación de personal.

Hablar de bienestar emocional en el trabajo es una responsabilidad colectiva. Es reconocer que detrás de cada cargo hay una persona con emociones, retos y días difíciles. Es entender que pedir ayuda no es una señal de debilidad, sino un acto de valentía y autocuidado.

Este mes, y durante todo el año, recordemos que construir organizaciones más humanas comienza con conversaciones reales y se fortalece con acciones coherentes. La salud mental también se cuida en el trabajo y, cuando lo hacemos juntos, construimos entornos más sanos, conscientes y empáticos.

Cuidar la salud mental en el trabajo no es solo reaccionar cuando algo ocurre, es prevenir, acompañar y actuar a tiempo. Las organizaciones que priorizan el bienestar emocional construyen equipos más comprometidos, productivos y humanos. Hoy es un buen momento para preguntarnos qué tan seguros son nuestros espacios para hablar, escuchar y apoyar. Invertir en salud mental es una decisión estratégica que impacta positivamente a las personas y a los resultados. Porque cuando cuidamos a quienes hacen parte de la organización, cuidamos el futuro de la empresa.

 

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